La chica de José María Lassalle

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Amparo Palau Trevijano, natural de Valencia, en concreto del barrio del Cabanyal, cerca de la playa de la Malvarrosa, un lugar, en fin, pintoresco, no nació siendo de derechas.

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En realidad, Amparo nació siendo apolítica, y sólo cuando tomó conciencia social y un café malísimo, se decidió a hacerse de izquierdas, rama anarquista. Así, en ese estado vegetativo, malvivió durante los siguientes 14 años de su vida hasta que una noche, zapeando como si no hubiera un mañana por la programación de su operadora de cable, se tropezó con un programa de la MTV llamado “Gandía Shore” y tuvo un revelación, una epifanía, lo que viene siendo que le dio un aire.

Amparito se puso de pie, miró con ojos inyectados en sangre a sus padres y les dijo: “O sea, que esos gilipollas de mierda también votan y su voto cuenta uno, como el mío”.

Su padre, Vicente, dejó de mordisquear un momento el trozo de palulu que mantenía en la boca desde 1987 y dijo: “Así es la grandeza de la democracia, chiqueta”.

Fue la última vez que el matrimonio Palau vio a su hija. A la mañana siguiente, Amparito se subió a un buque mercante de bandera liberiana con destino a Macao. Dos semanas después, ya en Texas (del barco jamás se supo nada), Amparito se compró una semiautomática y juro que jamás volvería a pasar hambre.

Medidas: 110-60-95

Altura: 168 cm.

Peso: He dicho que ni una sola parte de ese cuerpo serrano volvió a pasar hambre.

Aficiones: Cabalgar hacia el horizonte, Los rodeos de serpientes de cascabel, El arroz con chopitos y verduras, Orgullo y Prejuicio, Amaestrar zarigüeyas, Los baños lentos y Las motos rápidas.

Su hombre ideal: José María Lassalle