La chica de Rafael Hernando

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Una noche de verano de principios de los años 90, en un casar de Gerona, nació la pequeña Henrietta Pi i Molt. Su bautizo fue todo un acontecimiento, y los señores más principales de la comarca se acercaron a participar de la fiesta de acristianar a la pequeña Henrietta.

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Sin embargo, en un terrible despiste, los padres de Henrietta se olvidaron de invitar a Oleguer Pujol Ferrusola, que llegó al poco montado en uno de sus 3.400 coches de gama alta, se acercó a la cuna y mirando muy fijamente a la pequeña, le señaló con el dedo y dijo: “En el día de tu décimo octavo cumpleaños, te pincharás con el huso de una rueca y morirás, a no ser que ingreses una cantidad de dinero en el siguiente banco andorrano, toma nota de la cuenta, nena… 0446-6262-72633-9898-18783-121-54-19283-8182”. Y dicho esto, Oleguer Pujol desapareció entre una nube de azufre.

La pequeña, que no sabía escribir, entornó los ojos una fracción de segundo y aprovechó para estrenar el pañal.

Entonces, tres amables hadas que pasaban por allí se acercaron a la cuna de la pequeña y una de ellas, un hada afable, rechoncha y con alitas, dijo: “No morirás, pequeña Henrietta, sino que cuando te pinches con la punta de la aguja, te harás de derechas”.

Los padres de la pequeña Henrietta, militantes de Esquerra, gritaron mucho a las hadas, repudiaron a la niña y la abandonaron en un orfelinato de Nebraska.

Durante los siguientes 18 años, la pequeña pensó que era demócrata, pero en su décimo octavo cumpleaños se pinchó con el huso de una rueca en una visita al Museo del Traje de la localidad de Hastings, se afilió al Tea Party del Condado de Dawson, se compró un fusil de francotirador y ahí la tienen: libre, feliz y de derechas.

Medidas: 90-60-85.

Peso: Mosca.

Aficiones: Leer novelas de amor en una mecedora cerca del fuego de una chimenea de piedra en el interior de una cabaña de madera cerca del Lago McCounaghy, el pastel de ardillas, jugar a la lata (que es como el teto, pero con un poco de nata) y soñar con un cargador eterno para su fusil de francotirador favorito.

Hombre ideal: Rafael Hernando Fraile (Guadalajara, 1961).