Cómo se hizo Montserrat Navàs i Martorell de derechas

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El padre de Montserrat Navàs i Martorell fue un niño especial. Desde bien pequeño su máxima obsesión era la de convertirse en catalán y ni siquiera el hecho cierto de llamarse Hipólito Navasa-Rebollo Cifuentes y haber nacido en Mota del Cuervo le apartó de su objetivo.

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Así las cosas, y con la oposición frontal de su padre, un manchego poco curado y de su madre, una extremeña recia de Ceclavín (provincia de Cáceres, el único pueblo de toda España que tiene nombre de medicina), Hipólito tomó el abrigo, la cartera, la gorra y las orejas que Dios le había concedido (para que luego digan que el Creador no tiene sentido del humor), y marchó de Mota del Cuervo en dirección a Palafrugell.

Los pocos que le vieron partir aseguran que Hipólito llegó a la estación y tomó el primer tren que vio. Dos días después tomó otro tren porque se había equivocado y estaba en Puerto de Santa María. Nada más llegar a Cerdanyola, el pequeño Hipólito se hizo dirigente de Esquerra Republicana de Cataluña y se hizo llamar Hipolit Navàs i Rebollet.

Poco después, conoció a la Anna Martorell i Platjadepals, a quien prometió el oro y el moro (tenía algo de cannabis que había comprado en El Puerto) si accedía a casarse con ella y le decía guarradas en catalán en la cama.

Apenas 23 años después, su hija, una joven y bella Montserrat Navàs i Martorell encontró unos papeles ocultos en el desván de la masía de Espetec en la que pasaban los veranos. Allí se relataba la auténtica historia de su padre. que es la misma que acaban de leer.

La joven Montserrat salió al jardín de la masía, se apartó un mechón de pelo que había caído sobre los ojos por efecto de la tramontana y, mirando a su padre en un hito, anunció que a partir de ese día, y en lo que a ella concernía: “Soy de derechas y españolista, por reacción más que nada, así me pruebo a mí misma que no he salido a ti y que, por tanto, no soy gilipollas, pare meu”.

Medidas: 100-60-90

Peso: Se lo ha quitado de encima.

Aficiones: Los cuentos de Ángel Zapata, Seguir el vuelo errático de las golondrinas y arrendajos, Echarse sobre la hierba recién cortada después de haber llovido; Jugar a la flamenca (como el teto, pero mirando pa’ Cuenca), Hablar por teléfono con su madre durante horas y horas.

Hombre ideal: Pablo Casado Blanco (Palencia, 1981)