Diputado del PP recuerda durante un instante por qué se afilió al partido y baja la mirada

Ayer, según ha podido saber este periódico, un diputado del Partido Popular recordó durante unos instantes cuáles fueron las ideas que le impulsaron en su juventud a meterse en política, en concreto en un partido de corte liberal-conservador y humanista cristiano con una clara vocación de servicio a la sociedad, defensa de la Justicia, el Orden, la Ley y Dios (como necesidad humana trascendental, sin entrar en su existencia propiamente dicha) y, por supuesto, de gestión honrada a carta cabal de la cosa pública.

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Según las mismas fuentes, en ese momento el político popular bajó la cabeza, chasqueó la lengua, cerró los ojos, enmarcó una mueca de dolor, suspiró hondo, apretó los puños, miró hacia su corazón, sintió una punzada triste que le recorrió el alma durante diez segundos que se le hicieron una eternidad para, por último, levantar la cabeza, extender la mano y votar que sí a la minireforma de la ley del aborto que impedirá que las adolescentes embarazadas fumen en las clínicas abortistas que las menores de 18 años puedan abortar sin decírselo, por lo menos, a su madre, salvo que la madre sea una bruja piruja, en cuyo caso, se la quemará en la hoguera, si es que pesa lo mismo que un ganso, prueba de que la madre está hecha de madera y por lo tanto, arde, ergo: es una bruja.

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Este periódico ha podido saber que, a continuación, el diputado popular tropezó en los pasillos del Congreso con el retrato del gran político conservador Antonio Cánovas del Castillo (1828-1897)  y echó a correr hacia la cafetería mientras gritaba: “¡No me mires! ¡No me mires!”.

Por último, y siempre según las mismas fuentes, el diputado del PP se metió cinco gintonics por 4,5 euros cada uno, para un total de 22,5 euros y 50 céntimos de propina, gracias a lo cual, su conciencia quedó acallada hasta que despertó al mediodía con un sabor horrible en la boca, muchas legañas y al lado de una funcionaria cuarentona del Gayarre Bar de las de segunda vuelta, pronunciadas caderas, rímel abundante, perfume penetrante y mirada lujuriosa, que le saludó con un “Buenos días, tigre, groarrrr…”.