Breve historia de las 24 identidades sexuales conocidas (por ahora)

La Comisión de Derechos Humanos de Australia asegura que definir a un hombre como alguien de sexo varón y a una mujer como alguien de sexo femenino, “no reconoce el amplio abanico de diversidad que hay”. Por esto, los australianos, siempre en vanguardia de la corrección política, han detectado otras 23 identidades aparte de la heterosexual y les ha puesto nombre para protegerlos. Desde transgéneros hasta generosfluidos pasando por agéneros, pansexuales, sistergirls y hasta invertidos.

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En resumen: LGTBQITTTAAC-DD-KD-QGGINPP-GT-GT-SSB

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Repasémoslos.

En la década de los 50 del siglo pasado, la palabra “homosexual” no era bien vista por aquellos para los que ése término se refería a la actividad sexual y no a la relación amorosa. Por eso surgió el término “homófilo”, muy empleado hasta los 60, cuando la liberación sexual y el comienzo del “orgullo”, sacó del armario con fórceps un eufemismo para no ofender(se).

Y así surgió el uso del viejo vocablo provenzal “gai”, que en inglés se escribe “gay” (“gayo”, en español) y que designaba en la Inglaterra victoriana a los chaperos, perdón, a los prostitutos, perdón, a los licenciosos hombres de vida alegre y disoluta que eran remunerados a cambio de sus servicios.

Así, lo que hasta entonces eran los homosexuales, pasó a llamarse “la comunidad gay”. Pero eso trajo un serio problema. Hasta entonces, dentro del término homosexual también entraba el segundo grupo conocido más numeroso de homosexuales: las lesbianas. Pero como el término “alegre” estaba relacionado con los chaperos, perdón, con los varones, que no con el género masculino, las lesbianas se quejaron.

Los transexuales no se quejaron porque ellos sí que estaban más cerca de lo que fueron aquellos gayos victorianos, pero en el momento en el que los gays consintieron en dar paso al término “lesbiana”, los transexuales reclamaron su espacio. Y con ellos, los bisexuales que no son homosexuales, aunque lo pueden ser, ni heterosexuales, aunque lo pueden ser en el caso de que quieran serlo, salvo que fueran transgéneros, que es la última categoría de la transexualidad que no es que quiera ser gay o lesbiana, heterosexual o bisexual, sino que no tiene por qué ser, y cuando lo sea, no tendrá por qué seguir siéndolo y puede dejar de serlo o ser de otra cosa, aunque entonces ya no será transgénero…

El terrible follón de las cuatro denominaciones se solucionó con la creación de una sigla a partir de los grafemas iniciales de los términos en debate. GLBT. El problema surgió cuando se dieron cuenta de que había un sándwich muy popular llamado LBT (tomate, bacon y lechuga, siglas en inglés) que se prestaba a confusión y chiste en clubs nocturnos. Así que los gays optaron por portarse como perfectos caballeros y dejaron el primer puesto a las lesbianas, con lo que la sigla definitiva fue LGBT: Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transgéneros.

Pero aquello no podía ser definitivo. Planteaba un problema de difícil resolución al marginar a los intersexuales, que son aquellas personas que nacen con genitales masculinos y femeninos pero que no son, en propiedad, hermafroditas, ya que para serlo tendrían que manifestar tejido gonadal testicular y ovárico, algo que sólo ocurre en el cinco por ciento de los casos. En una asamblea celebrada en la ciudad de San Francisco en 1999, el grueso de la comunidad gay decidió incorporar la sigla I: LGTBI, con lo que el asunto debía quedar resuelto con el fin de siglo.

Ni mucho menos. Con rara habilidad, hubo gays y lesbianas, sobre todo gays, que proclamaron que no querían ser etiquetados como gays y lesbianas y que había que superar las etiquetas de género, por lo que exigieron, en pura contradicción en los términos, que se les asignase la etiqueta de “queer”, que significa “invertido”. Queer lo puede ser un gay, una lesbiana, un bisexual, un transgénero o un intersexual que no es que no quiera serlo, sino que no quiere que nadie le diga lo que es.

La comunidad internacional gay (y el resto: lesbianas, intersexuales, etc.) decidió en 2001 incorporar el grafema Q y crear la sigla final LGBTQI (no consiguieron dar con un acrónimo que sonara bien y se colocó primero a los invertidos -queer- por delante de los intersexuales porque es más fácil decir “q” e “i” -kiuai- en este orden -en inglés-, que “i” y “q” -aikiu-), contenía todas las variaciones, permutaciones y combinaciones posibles de orientación sexual, sexo e/o identidad de género.

Aquello fue un error de principiante. Enseguida levantaron la mano los agéneros, que son los transgéneros que no se identifican con ningún género. Recordemos que los transgéneros pueden ser lo que quieran, mientras los agéneros no es que no sean lo que quieran, sino que no quieren ser nada  porque ellos saben que no son nada aunque sean transgéneros.

Es posible que usted no conozca a ningún transexual que no tenga género, pero los hay, o eso se dice. Y aunque todo esto no tiene nada que ver con los hermafroditas, como ya hemos visto, tampoco con los andróginos, que son los que no parecen lo que son, o más bien están en un término medio pero no por ello son homosexuales, o lesbianas, o intersexuales, o bisexuales o invertidos. Sí es cierto que pueden ser lo que ellos quieran ser dependiendo de la atracción que sientan, aunque también esa atracción puede cambiar, y entonces serían como los transgéneros, pero sin serlo, porque no lo son.

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De pronto, alguien se dio cuenta de que uno de los grupos más numerosos quedaba excluido. Era el de los travestidos. Ni son L, ni G, B, ni T, ni Q, ni I. Podrían ser de los tres primeros y no T, Q ni, aunque se les parezca en algo, I. Sí es cierto que suelen ser G, y muchos de ellos son, han sido o serán B, pero ser travestido no significa que una persona se identifique con el género opuesto, por lo que podrían ser heterosexuales, aunque como son sujetos de discriminación, no quieren estar en ese grupo y reclaman su sitio en el universo LGBTQI-AH como lo que son: una T, sobre todo desde fue un travesti el que dio origen al concepto de pansexual que no es ni L, ni G, ni B, ni T, ni Q, ni I, ni A, ni H, sino que siente una atracción sexual hacia todos esos grupos, incluidos los segundos T y que, por lo tanto, son sujetos de protección especial.

Pero si hay pansexuales, tiene que haber pangéneros, que son aquellos que no quieren ser catalogados por su orientación sexual, sino por su identidad de género, por lo que aunque son tan pan como los otros pan, no quieren tener que serlo ni por qué seguir siéndolo y pueden también dejar de serlo.

Y entonces, en abril de 2010, todo explotó. Hasta entonces, los LGTBQI-AHPP buscaban una sigla a la que agarrarse (desde hace tres años, los transexuales y los transgéneros comparten la letra T de “trans”, sin más detalles) sin saber que en un lugar de Australia, una institución gubernamental llamda Comisión Australiana de los Derechos Humanos, antes conocida como la Organización para la Igualdad, había recibido el encargo del Senado australiano de elaborar un documento de trabajo sobre “protección contra la discriminación en base a (sic) la orientación sexual, el sexo y/o la identidad de género” con el fin de que sirviera como material de estudio para futuras legislaciones.

En el estudio la Comisión de Derechos Humanos asegura que aunque respeta la terminología de la LGTBI, olvidándose de la Q, quiere recordar que “aunque no hay un consenso en torno a la definición exacta de sexo o de género, la identidad de sexo o de género es una parte importante de la identidad de una persona. El sexo y/o la identidad de género autodefine a la persona y le posiciona en un contexto político y social. Cada persona tiene el derecho a tener su sexo y/o su identidad de género reconocida y este reconocimiento debe ser respetado”.

Por lo tanto, la Comisión Australiana de Derechos Humanos, tras cinco estudios y dos giras alrededor de Australia, propone que no sólo sean protegidos, reconocidos y respetados los LGBTQI clásicossino los agéneroslos andróginoslos travestislos “drag king” (las mujeres que se visten exageradamente de duros rockeros como Elvis), las “drag queen” , los génerofluidos (que no rechazan ser hombre o mujer, sino que son una mezcla dinámica de ambos géneros y que unos días se sienten más hombres y otros, más mujeres) los géneroinvertidos (que rechazan la idea de los dos géneros sin más y que aseguran que son otra cosa sin especificar), los intergéneroslos pansexualeslos pangéneroslos del tercer género y los del tercer sexo (que son como los génerosfluidos, aunque rechazan la idea de serlo) o los transexuados (que son los transexuales que rechazan el término de transexuales porque hace referencia a su orientación sexual y no a su identidad de género).

Ya en un plano puramente australiano, la Comisión Australiana de Derechos Humanos da entidad a dos categorías que son propias porque no se basan en el sexo, la identidad de género o su orientación, sino que se clasifican según la raza: las sistergirls, que son los transgéneros masculinos aborígenes que viven como mujeres y los brotherboys, que son los transgéneros femeninos aborígenes que viven como hombres.

En resumen, y como decíamos: LGTBQITTTAAC-DD-KD-QGGINPP-GT-GT-SSB