“En cuanto veo aparecer a la Reina, corro todo lo que da de sí esta puñetera cadera”

Buenos días, Majestad. Supongo que debo llamarle “Majestad”…

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-Usted mismo… Últimamente, me han llamado de todo.

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¿Cómo es el día a día de un Rey jubilado?

-Pues… como el de un jubilado cualquiera: me levanto, me tomo las pastillas de la mañana, ojeo la prensa, salgo a dar una vuelta por los jardines de La Zarzuela, me fumo un pitillito a escondidas… Por las tardes, si Felipe no me ha pasado algún marrón, suelo quedar con los colegas del Hogar del Monarca Jubilado para echar la partida… En fin… un coñazo.

¿Cómo es la relación con su hijo?

-Pues, hombre… lo normal entre reyes. Tenemos nuestros tira y afloja. Que si “cómo vas a la ONU con esa corbata…”, que si “le tenías que haber soltao una fresca a Maduro”… En fin, cositas normales. Lo que llevo peor es lo de ir todas las tardes a buscar a las niñas al colegio, que me parte la tarde por la mitad. Te ven jubilado y abusan.

¿Y con Su Majestad la Reina?

-¿La de antes, o la de ahora? Es igual, le voy a contestar lo mismo: en cuanto las veo aparecer, corro todo lo que da de sí la puñetera cadera ésta.

Y, respecto a sus relaciones, en fin… cómo decirlo…

-¿Mujeres? Buah… Yo ya estoy para sopitas y buen vino, hijo… A mí, con que me dejen tranquilo, sentadito al sol y tapadito con una manta… Y ahora, le dejo, que tengo curso de paracaidismo con Simeón de Bulgaria. Oiga… ¿me podría dar un par de pitillos? Es que Sofía me lo confisca todo, esa ortodoxa. Si me deja el paquete entero, tampoco importa. Hala… Hasta cuando quiera. Ya sabe dónde me tiene.