Consumo alerta de que a Ikea se le acaban los p**** nombres en sueco para sus muebles

Autoridades de Consumo han dado a conocer hoy el caso de un señor de Huesca que el pasado lunes, en el centro Ikea de Zaragoza, sufrió un desvanecimiento al no conseguir distinguir si lo que su mujer le había mandado a comprar era un Strödall (sofá de tres plazas), un Strädall (balda de habitación de niños), un Strüdh.l (perchero de madera con bolitas), un Stöckharl (pantalla para lámpara de 60 watios o un periquito azul moteado de nombre Ernesto.

PUBLICIDAD

Un portavoz de la multinacional sueca ha confirmado que “së nös êstän âcäbändô lös nômbrès süecos y he âhí el problemö, que tenemos que usar muchos muy parecidos, como le pasaba a mi abuelo, que se llamaba Olsen, como mi padre, yo mismo y uno de los hijos de mi mujer que no se parece en nada a mi, que soy blanco con el pelo rubio casi blanco y él es negro de ricitos, que digo yo que mío no será pero que aquí estoy, pagando su manutención porque somos socialdemócratas o algo así”. “Guarra”, añadió el portavoz de la multinacional del mueble y la decoración.

PUBLICIDAD

Según otras fuentes más templadas, la dirección de Ikea estudia pasarse al nomenclátor de Azerbayán, “para ver si añadimos un poco más de dificultad a la cosa, que nos estamos adocenando y ya todos los españoles saben que Lyngonsylt significa tarro”.

La Federación de Masoquistas Ibéricos ya ha anunciado que se opondrá “con todas nuestras fuerzas” a la medida y que si hace falta, oh, sí, convocarán “una manifestación no autorizada delante de esos fornidos, slurp, y cachas antidisturbios, oh, sí, oh, sí, oh, siiiiiií”.