Pablo Iglesias teme que IU envíe un Terminator al pasado para acabar con su madre antes de que él nazca

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Ayer, sobre las tres de la mañana, el secretario general de la formación izquierdista Podemos, Pablo Iglesias Turrión (Madrid, 1978), se presentó en la comisaría del Puente de Vallecas y pidió hablar con el oficial de guardia. Advertido por los agentes de que había visto demasiadas películas y que a las tres de la mañana los oficiales roncan como campeones, Iglesias pidió hablar con quien fuera para denunciar un hecho, en su opinión, de muchísima gravedad.

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Llevado al interior de la comisaría, Iglesias comunicó a los policías nacionales que tenía motivos para sospechar que los dirigentes de Izquierda Unida habían decidido eliminarle antes de que naciera y así evitar su indiscutido liderazgo en la izquierda nacional.

Ante los estupefactos funcionarios, que se daban puntapiés bajo la mesa de interrogatorios, Iglesias señaló que sabia de buena fuente que Alberto Garzón y otros como él habían enviado desde el año 2029 hasta 1978 un Terminator T-800 modelo Cyberdyne 101, lo que viene siendo un cíborg asesino a través de una máquina del tiempo, con la misión de exterminar a Luisa Turrión, madre de Pablo, antes de que éste fuera concebido.

Uno de los policías señaló en ese momento la paradoja irresoluble que, a su juicio, “y lo digo desde el desconocimiento, que soy de la escala básica”, suponía que él pudiera saber en 2015 que en 2029 iban a mandar un cíborg asesino a 1978.

Pablo Iglesias se puso serio, miró al policía y dijo: “Oiga, yo a usted no le he interrumpido”, para a continuación disertar durante diez minutos sobre las aparentes paradojas temporales en relación con la Teoría de Cuerdas.

Justo cuando el líder de Podemos dejó de hablar para respirar, uno de los policías entornó los ojos y susurró: “Oiga, ¿y de dónde iba a sacar Izquierda Unida para pagar un terminator T-800, al precio al que estarán?”.

En ese momento, Pablo Iglesias levantó la mirada, dijo “¡Ah!”, movió la cabeza para recolocarse la coleta, se levantó, dio las gracias muy educadamente, y salió de la comisaría satisfecho –y aliviado- por la respuesta.