Se cumplen 60 días desde las elecciones sin que se sepa de algún diputado que haya trabajado

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¿Hola? ¿Hay alguien? ¿El que sea? ¿Holaaaaaa? ¿Dónde se han metido todos? ¡Que las elecciones fueron el 20 de diciembre! ¡Oigaaaaa! ¿Alguien? Anybody?

“Pues talmente como ayer mismo se dispararon los sensores de movimiento en un despacho de la tercera planta y después de discurrir un rato, pensamos que a lo mejor era una de sus señorías, que se había puesto a trabajar por el país, uséase, mismamente lo que viene siendo España. Como nos extrañó, porque nos extrañó, ya me entiende usted, aunque siempre hay algún diputado nuevo que viene a lo impetuoso, llamamos a los servicios de seguridad del Parlamento que decidieron acordonar de inmediato la zona y al final, tras mucho buscar, resultó que había sido un gato”.

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Así relata el jefe de bedeles del Congreso de los Diputados el curioso incidente que tuvo lugar ayer, hacia las once de la mañana (“lo primero que nos chocó era que un diputado pudiera haber llegado tan temprano, con las calles recién puestas”).

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Las críticas por el escaso rendimiento de los excelentísimos señores diputados, que se han tocado los huevos a dos manos durante los últimos 60 días, y eso sin contar que en muchos casos los tocamientos se vienen produciendo desde la disolución de las Cortes el pasado 26 de octubre (toda la vida en el caso del 85 por ciento de los diputados de Podemos), han sido respondidas por la Mesa del Congreso, que las considera injustas.

Según la Mesa del Congreso: “Para empezar a desmontar esta falacia, hay que considerar que hemos sufrido el periodo tradicional de vacaciones de Navidad que arranca a mediados de diciembre, cuando los diputados celebramos la fiesta (interna) del Edicto de Empadronamiento de César Augusto y concluye a finales de enero, para dar tiempo a Sus Majestades los Reyes de Oriente a concluir su visita de Estado y regresar a sus países de origen. Qué más nos gustaría a nosotros que ponernos a trabajar antes, pero el protocolo es el protocolo”.

La Mesa del Congreso también ha señalado que “además, un diputado necesita un tiempo de adaptación, como todo trabajador que llega de nuevas a una empresa. Nosotros le llamamos ‘estar aterrizando’, y conlleva una serie de esfuerzos que puede que no se trasladen suficientemente a la ciudadanía, como configurar el nuevo iPad, pasar una nota de gastos por una serie de aplicaciones necesarias para las comisiones de los jueves, como el Candy Crush Jelly Saga, el Apalabrados y el Clash of Clans, cargar los contactos de la agenda en el iPhone 6s plus que entregamos a cada diputado, podemitas anticapitalistas incluidos, elegir la foto del perfil en whatsapp, configurar iCloud, hacerse un selfie de prueba de los genitales, así como rellenar la declaración de bienes de los diputados, con el esfuerzo imaginativo que ello conlleva”.

“Además, tenemos estudiado que el tiempo que pasa un diputado novato mirando la tarjeta con 3.000 euros para taxis mientras se descojona, es de 72 horas laborables. ¿Y qué me dice del tiempo dedicado a elegir un asesor entre todos tus conocidos? ¡Amigo! A los hechos me repito. Un concepto. Eso, de verdad, supone un esfuerzo notabilísimo que los españoles y las españolas deben comprender. Y luego está el asunto de cobrar la nómina y los complementos, trabajar para el partido, cobrar comisiones, ocultar pruebas de financiación ilegal, traficar influencias, ir al Hot de Colón a ver las nuevas adquisiciones de la temporada, ducharse frotando fuerte en el caso de los diputados de Podemos… En resumen, que todo es un infundio malévolo. Los diputados trabajamos mucho por España… Los que son unos pedazo de vagos son los senadores”.

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