Elogios a la decisión de Sánchez de subir 15 céntimos el precio del diésel para poder desenterrar a Franco

Pareja de españoles comprometidos democráticamente con lo que viene siendo el siglo XXI, felices tras  pedir un préstamo al consumo a su banco para poder llenar el depósito de su automóvil. Felices, sí, porque ahora saben, porque lo saben, que la subida en el precio del diésel anunciada por el Gobierno ayudará a resolver el terrible problema de la tumba de Franco. “Ahora dormimos mucho mejor”, ha asegurado ella. “Mucho”, ha abundado él

Sacar a Franco no es barato, que hay que remover muchas cosas, empezando por la lápida, que es muy pesada”. Con estas palabras, el Gobierno de Pedro Sánchez ha anunciado la subida progresiva de hasta 15 céntimos del litro de diésel, “lo que permitirá recaudar el dinero suficiente para poder profanar exhumar los restos” del general Franco de su tumba en el Valle de los Caídos.

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La medida ha sido recibida con gritos de alegría, jolgorio generalizado y vivas al Gobierno socialista por la práctica totalidad de los 17 millones de conductores -salvo cuatro fachas mal contados, “cabrones nostálgicos”, según fuentes socialistas- de vehículos propulsados por diésel.

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Para los conductores españoles, “todo lo que sea revisar el conjunto de la fiscalidad para poder sacar a Franco y adaptar Estepaís a la normalidad democrática del siglo XXI, nos parece de perlas; como si quieren subirnos el precio de la luz, que está muy bajo, o el gas, la tasa de basuras, el IBI, el IRPF, el impuesto de actos jurídicos documentados, el canon digital, el transporte público, el impuesto de transmisiones patrimoniales, el de Sucesiones, el IVA, las tasas universitarias y todos los tramos autonómicos”.

A estas palabras ha reaccionado de inmediato la ministra de Hacienda, María Jesus Montero (Sevilla, 1966), que mientras se colocaba un babero gigante para tratar de paliar los efectos de un flujo salivar incontrolable, ha asegurado que “slurp, arf, hmmmm, oh, sí, slurp, arf, no descartemos, oooooh, arf, slurp, nada; todo sea, arf, arf, arf, por la normalidad democrática, oh, Dios…, sí, sí, síííí… ufff… eeeh, perdón, ¿me traéis otro babero, que este ya ha hecho charco?”.

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