Sánchez cede ante Torra y coloca a un semicatalán superior al frente de la selección española

Aquí, una prueba de que el Mundial de Tontos lo ganaríamos sin sudarlo

Ayer, la Federación Española de Fútbol, ente público dependiente del Consejo Superior de Deportes que a su vez depende del Gobierno, que a su vez depende de Pablo Iglesias, que a su vez depende de Irene Montero, nombró entrenador de la selección española de fútbol al candidato propuesto por el Gobierno secesionista, Luis Enrique Martínez (Xixón de Palafrugell -antes Gijón-, 1970), “un semicatalán ser superior de raza antimadridista a quien la divina providencia catalana sacó del lumpen en el que vivía siendo español (el pobre) y le concedió la gracia de vivir durante años en una nación tan avanzada como Catalunya donde la banda ancha de internet va follada, los niños leen a Faulkner y a Admirall desde la cuna y los perros llevan gafas de pasta y son libreprensadores” (extracto de “Soy la Hostia”, memorias de Pep Guardiola).

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En rueda de prensa, el súperpresidente de la supernación catalana, Quim Torra (Braunau am Inn, 1962, muy mal llevados), ser mitológico de quien dicen que tiene un cuerpo para los negocios y un cerebro para el placer, ha recibido “con profunda satisfacción” el gesto del Gobierno de Pedro Sánchez. “Lluís Enric Martìnez es el mejor entrenador que podría tener la zona occidental de Catalunya. No sólo porque ha comprendido que nosotros somos mejores que él, y eso es humildad, sino porque desde esa humildad, quizá pueda convencer a Gerard Piqué para que siga con su impagable labor de destrucción sistemática de la selección desde dentro”.

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Estas palabras de Torra, acompañadas de una risa malvada y del levantamiento del dedo meñique hasta la comisura derecha de la boca, ocasionaron un revuelo considerable entre los periodistas presentes en la sala, algunos de los cuales se apresuraron a protestar. Ante este alboroto, el presidente de todos los súpercatalanes se sacó la pichulilla y con un movimiento de aspersor se hizo pis en los periodistas para demostrar dominancia. La acción de Torra fue recibida con sumisión por parte de los informadores, que se apresuraron a ponerse boca arriba con las patas encogidas, antes de volver a sus cadenas respectivas.

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