Las ‘democráticas’ acciones de los CDR catalanes disparan el precio de los alquileres en Bélgica

Aquí, un CDR identificado como Francisco López Gómez (apellidos rusos), pasado de revoluciones y sonrisas antes, durante y después de sacarse un billete de ida para Bélgica

Las autoridades de Bruselas han rogado a las televisiones belgas y medios de comunicación del país ese que dejen de emitir y/o publicar imágenes de las acciones sonrientes, pacíficas y criminales, de los autodenominaros Comités de Defensa de la República (CDR) en Cataluña (una región del noreste de España) y que se abstengan de reproducir cualquier declaración delictiva del presidente catalán Joaquim “Quim” Torra (Gran Dolina, Atapuerca, 800.000 a.C.).

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“Hemos notado que cada vez que un independentista de un CDR le mete una sonriente paliza a un manifestante unionista/policía fuera de servicio o el señor Torra dice que va a haber que convocar otro referéndum democrático, los precios de los alquileres en Bruselas y su extrarradio sube de manera alarmante, perjudicando a los funcionarios europeos, a los inmigrantes musulmanes y a los enfermos con ganas de suicidarse que quieren vivir, unos mucho más tiempo que otros, en nuestro país”.

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Las mismas autoridades han alertado a los propietarios de pisos para que “no se crean el bulo de que los catalanes están forrados, que no hay más que ver las imágenes de las acciones de los CDR para observar que una persona que no se ducha a diario, que se corta el pelo a lo Anna Gabriel y que tiene los dientes en rompan filas a lo Pablo Iglesias no está en disposición de pagar los 2.500 euros que cuestan de media los pisos en Bruselas, ni los 8.000 de ciertas casas unifamiliares en Waterloo”.

En este sentido la Asociación Belga de Propietarios de Pisos ha manifestado su desolación por el hecho de que la Fiscalía española se haya negado en repetidas ocasiones a solicitar prisión preventiva para el ex presidente de la Generalitat, Jordi Pujol. “Nos resolvería el año, cojones”, ha asegurado un portavoz de la Asociación, extremo este que no ha sido desmentido por el Gobierno belga, que ha respondido con un lacónico “ay, sí”.

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