Sánchez prohibirá las comidas dominicales en casa de los abuelos que hablen bien de Franco

Abuelos involucionistas explicando, entre las risas de los nietos, que la Historia de España no comenzó en 1978, que el euro ha sido una estafa y que hay que evitar las corrientes de aire como si fueran el demonio

“El Gobierno asiste con preocupación democrática al hecho cierto de que cada domingo, hacia las dos de la tarde, en cientos de miles de domicilios que huelen a alcanfor, armario de medicinas y tortilla francesa, millones cientos de miles de ciudadanos septuagenarios (para los de la Logse: de 70 a 79 años), octogenarios (lo de antes, pero de 80 a 89) y nonagenarios (pocos), están exaltando la figura de un dictador genocida que posiblemente sólo tenía un testículo con frases intolerables como ‘con Franco esto no pasaba’, ‘con Franco no se pagaba IRPF ni IVA’ y ‘antes del euro un café costaba 80 pesetas’”.

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Así lo asegura un documento interno del Ejecutivo al que ha tenido acceso este periódico, que advierte del grave riesgo de involución democrática que supone que millones de nietos indefensos escuchen esas intolerables manifestaciones, “niños que en la mayoría de los casos son chantajeados por la expectativa de recibir un billete de diez euros al final de la visita, que les digan lo guapos que son y lo mucho que han crecido en una semana”. Ante esta realidad fascista larvada durante tanto tiempo, el Gabinete del Doctor Sánchez prepara una reforma exprés de la Ley de Memoria Histórica para “prohibir estas reuniones ilícitas en las que se exalta la memoria del dictador” y sustituir las comidas dominicales por merendolas mucho más breves con presencia permanente de un observador democrático —liberado sindical, vecino republicano del sexto o cuñado podemita— en las que se deberá comenzar la reunión con un recuerdo cariñoso para la figura de estadista de Felipe González y se pasará a hablar en exclusiva de enfermedades varias, con especial énfasis en el asunto de evitar a partir de una cierta edad las mortales corrientes de aire.

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Con esta reforma, “imprescindible para la salud democrática de las nuevas generaciones de estepaisanos”, el Gobierno quiere terminar con la insana costumbre de que los ancianos —que suelen dar buenos consejos porque ya no están en disposición de darlos malos— den su opinión sobre lo que ellos vivieron y todavía viven. “Este Gobierno está comprometido con la defensa de la libertad de pensamiento y de expresión, siempre que concuerde democráticamente con lo que hay que pensar y expresar”.

Las críticas a esta reforma no se han hecho esperar, como lo demuestra que el Partido Popular, a través de uno de sus portavoces, haya asegurado que “esta vez seguro que sí, pero fijo, sin duda, fijo, fijo, cuando lleguemos al poder derogamos la Ley de Memoria Histórica, que no es que antes, cuando gobernamos con mayoría absoluta, no quisiéramos hacerlo, es que, eh, ah, uh…, había fútbol y, eh, ah, uh, había… ¡detrás de ti, un mono con tres cabezas! ¡Corre! ¡Tú por allí y yo por el otro lado!”.

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