Maduro inicia un discreto contacto con la Generalitat para saber a cuánto están las casas en Waterloo

Nicolás «Tragaldabas» Maduro, encantado de posar detrás de un trapo de cocina y junto a un grupo de separatistas catalanes que se fueron a Caracas a internacionalizar el conflicto, o algo así. Joder, qué vista tenéis, indepes, eligiendo a vuestros amigos.

El dictador venezolano (dictador, dícese del que dicta, también de aquel que sólo es capaz de gobernar con apoyo/amenaza del Ejército) y presidente socialista bolivariano revolusssionario de Venezuela, Nicolás “Albóndiga” Maduro, ha mantenido esta misma mañana una serie de discretos contactos con la Generalitat de Cataluña para saber qué tal es la comida belga, conocer a cuánto está el precio del alquiler de casas en Waterloo y, llegado el caso, si habría posibilidad de compartir piso con el ex presidente fugado Carles Puigdemont, “cada uno en su habitación, claro, sin cosas raras, <guiño, guiño, codazo>, tú ya sabes, chamo, que los dos tenemos pelazo”.

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La respuesta de la Generalitat, aunque tímida y balbuceante, confirmó al todavía presidente venezolano y ex chófer de autobús que en Bélgica el tiempo es horrible, que sólo comen  moluscos bivalvos de aspecto repugnante como los mejillones, que las casas están carísimas desde que la Asociación Mundial de Masoquistas recomendó a sus afiliados que se establecieran en Bélgica y que “no nos extraña que Tintín siempre estuviera en otro país, que cualquier lugar es mejor, incluido el Congo, el país de los Soviets o la Luna”.

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El desánimo que produjeron estas palabras en el todavía presidente venezolano se percibió por el silencio que se produjo en la línea, silencio sólo roto por el interlocutor de la Generalitat que añadió: “nosotros le recomendamos que se exilie en Bolivia, Corea del Norte o Galapagar, que allí tiene amigos leales que le deben unos cuantos favores”.

La respuesta de Nicolás “Chancho” Maduro fue negativa respecto a las dos primera opciones “mis cojones treinta y tres” y más optimista respecto a Galapagar, como lo demuestra que cortara la comunicación y contactara con la embajada iraní para que le proporcionara el teléfono privado de uno de sus otrora más queridos consejeros: Pablo Iglesias Turrión. “Que dice que está apagado o fuera de cobertura”, comunicó Maduro con cierto desánimo a su cúpula militar antes de ordenar la resistencia frente al imperialismo yanqui y comerse una fuente entera de pabellón criollo con caraotas, plátano frito y carne de opositor mechada.

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