Carmena dejará las calles sin reasfaltar “como homenaje a los manteros, para que se sientan como en casa”

Los baches sin reasfaltar están sacando a la luz antiguas calzadas romanas inauguradas en los tiempos en los que Carmena apenas era una púber adolescente. «O tempora, o mores!, como decía Ciceron, que era muy amigo de mis padres», ha señalado el teleñeco la alcaldesa

Ante las informaciones que señalan que el Ayuntamiento de Madrid —regido por Manuela Carmena (Abu Simbel, 1243 a.C.) del partido instrumental Ahora Madrid, marca blanca de Podemos, en adelante Más Madrid, marca negra de Podemos—, ha dejado sin reasfaltar una de cada tres calles incluidas en la Operación Asfalto, la propia alcaldesa ha querido salir al paso de las críticas asegurando que “no es que no tengamos ni idea de cómo se gestiona una ciudad, sino que nos pareció buena idea dejarlas sin reasfaltar para facilitar la integración social de los y las migrantes subsaharianos/as que emprenden en Madrid la heroica actividad de Vendedores y Vendedoras Ambulantes de Fiscalidad Especial con vistas a su contribución permanente al sistema de pensiones de todas y todas, lo que viene siendo todes”.

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Ante la perplejidad de la mayoría de los periodistas presentes en la rueda de prensa, uno de ellos, propietario de un diccionario izquierdacursi-español; español-izquierdacursi, preguntó si “lo que quiere decir usted es que ha dejado sin reasfaltar un tercio de las calles para que los manteros se sientan como en casa y no se vayan”. La alcaldesa ha confirmado que “en efecti, bombón, con otras palabras mucho más democráticas, pero en efecti”. A continuación, la regidora ha comenzado a distribuir bandejas de empanadillas entre los chicos de la prensa: “Que estáis muy flacos; ¡comed, niños, comed, engordad, poneos suculentos y no olvidéis de visitarme en mi casita de chocolate ubicada en un claro del bosque impenetrable…!”.

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En una posterior ampliación de las palabras de Carmena, la portavoz municipal Rita Maestre ha confirmado que “las calles llenas de socavones, baches y trampas cumplen una doble función: no sólo la de que Madrid parezca una capital tercermundista y que así los manteros, esos héroes, tengan el recuerdo permanente de sus hogares de nacimiento, sino también la de procurar que no nos vote tanta gente, porque desde que hemos comenzado el mandato hemos secuestrado el centro de Madrid, hemos subido el IBI y las tasas a cientos de miles de madrileños, le hemos declarado la guerra al vehículo privado, cerramos de vez en cuando los túneles para provocar el caos y una enorme entropía, hemos paralizado la Gran Vía por una ampliación de aceras que nadie había pedido, hemos eliminado una burrada de plazas de aparcamiento, hemos obligado a la gente a caminar en una sola dirección en algunas calles del Centro, hemos eliminado parte de la calzada de avenidas principales para construir carriles bici que no usa nadie, tenemos Madrid más sucia que los pies de un okupa, nos hemos cargado el nombre de calles de buena gente sólo porque luchó en el otro bando en la Guerra Civil, dentro de nada obligaremos a decenas de miles de madrileños a informarnos de quiénes vienen a visitarlos a sus casas, hemos dado decenas de millones de euros a nuestros amigos, hemos contratado a dedo a familiares como si no hubiera un mañana, hemos retirado subvenciones a comedores sociales para poder contratar animadores de barrios y todavía tienen intención de votarnos alrededor del 26,5 de los madrileños”.

“Esto no puede ser, esto es un sindiós, alguien tiene que pararnos…”, ha asegurado Maestre antes de comenzar a desabrocharse los botones de la blusa entre los gritos de los periodistas presentes en la sala. “Huy, perdón, es la costumbre”, se ha excusado la portavoz municipal.

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