Los programas antiplagio validan el libro de Sánchez porque “jamás se ha escrito una mierda parecida”

El presidente, maravillado al comprobar que si apoyaba la punta de un invento moderno llamado bolígrafo sobre un papel en blanco y lo movía de una manera determinada, podía formar letras y si las ordenaba con sentido, palabras. “Así que esto es eso que dicen que es escribir, aaaah”, dijo el doctor en Economía parafraseando a Ana Rosa Quintana

Como el que hace un cesto, hace ciento, y quien escribe un libro plagiado —tesis doctoral— puede ser que le escriban cientos, el último libro del presidente del Gobierno, el doctor en Economía Pedro Sánchez, que en realidad no es suyo pero viene firmado por él, como anda qué casualidad…En fin, que el libro titulado “Manual de Resistencia” fue analizado por los principales programas antiplagio informáticos, Turnitin y PlagScan, a fin de salir democráticamente de dudas. 

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Los resultados fueron dispares. Mientras uno de los programas verificó un 90 por ciento de coincidencias cursis con autores cursis como Paulo Coelho, Mario Benedetti o Ana Rosa Quintana Danielle Steel y rogó que lo desenchufáramos para no seguir sufriendo más, el otro garantizó un cero absoluto por ciento de coincidencias, “porque jamás en la historia de la política occidental se había escrito una mierda ni remotamente parecida: ni ‘Les voy a contar’ de José Bono, ni ‘El dilema: 600 días de vértigo’ de Zapatero, ni siquiera Ser feliz no es caro’ de Miguel Ángel Revilla, el libro del presidente cántabro que a pesar de estar descatalogado, es muy apreciado por los fabricantes de mesas cojas ‘por su solidez’ y por los senderistas de rutas extremas ‘por lo bien que prende a la hora de iniciar una hoguera que señale la posición a los servicios de rescate de alta montaña de la Guardia Civil’”.

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Un tercer programa antiplagio, el W.O.P.R. (nada que ver con Burger King), se negó en redondo a comprobar el libro de Irene Lozano Pedro Sánchez y nos ofreció en su lugar jugar a la “Guerra Mundial Termonuclear” e insistió en llamarnos “Profesor Falken”, lo que creó un pandemonium importante en la redacción de este periódico satírico de información general con gritos de “¡Mátanos a todos!”, “¡Ya era hora, coño!” y “¡No quiero morir virgen!”, grito este último al que siguió un silencio prolongado, sólo roto por un leve carraspeo.

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