Tras fracasar con lo de Franco, Sánchez probará con la otra urgencia social: el lenguaje inclusivo

Cuatrocientos millones de años de evolución desde que el primer pez se arrastró por el fango y seguimos en lo mismo.

Pedro Sánchez “ha encajado mal” según varias fuentes, la decisión de un juez de lo contencioso-administrativo de paralizar la exhumación de los restos del general Franco alegando fallos de seguridad en la autorización municipal. Según el relato de las mismas fuentes, el presidente Sánchez se habría agarrado una casqueta importante, tirándose al suelo, pataleando y “se van a enterar estos cabrones” ordenando a Irene Lozano que le escribiese otro libro, “pero en este que haya fotos picantonas mías”.

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No fue hasta dos horas después, tras la intervención de la madre del doctor Sánchez que llegó al despacho en La Moncloa y se sacó una zapatilla, que el presidente dejó de llorar y convocó a su Gobierno a un Consejo de Ministros extraordinario en el que les anunció “mi firme decisión de dedicar todos los recursos de estas últimas semanas de Gobierno a la segunda gran urgencia social: la incorporación del lenguaje inclusivo a los textos legales, visibilizando el papel esencial de las mujeres en la sociedad, porque hasta ahora nadie jamás ha reconocido el papel de las mujeres en la sociedad y su decidida aportación a, por ejemplo, la lucha contra el fascismo, como en aquella gloriosa mañana de junio de 1944 en la que la primera lancha de desembarco llena de mujeres arribó a las playas de Normandía para enfrentarse al nazismo y restaurar la libertad en toda Europa, especialmente en Rusia, como bien decía San Juan de la Cruz”.

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A este discurso del presidente le  siguió un silencio de varios segundos de los ministros y ministras, sólo roto por alguna tosecilla, hasta que la vicepresidenta Carmen Calvo se levantó y empezó a aplaudir despacio mientras una música de película épica yanqui comenzaba a sonar por los altavoces del hilo musical. Poco a poco, uno a uno, el resto de los ministros se puso en pie y se unió a los aplausos de Calvo, cada vez más rápidos, cada vez más fuertes, cada vez más altos, llegando hasta el delirio cuando el ministro Duque se subió a la mesa del Consejo de Ministros e imponiéndose a la ovación y a la música que atronaba la sala, gritó: “¡Oh, capitán, mi capitán”.

Fue en ese momento, y no en otro, cuando la ministra de Justicia, Dolores Delgado, corrió hasta colocarse detrás del presidente y desplegando una bandera española, comenzó a agitarla despacio mientras la música alcanzaba el clímax máximo con choque de platillos, tambores al máximo y mucho fagot, muchísimo fagot, fagot por todos lados”.

El presidente sonrió satisfecho sabiendo del momento histórico que vivía España y comenzó apuntar con el índice a cada uno de los ministros para luego darse golpes con el puño en el corazón. No fue hasta media hora después, cuando terminó la música, cuando el doctor Sánchez logró imponerse a la ovación y extendiendo sus manos, dijo: “Queridos compañeros…”.

En ese momento, se oyó una vocecilla que podría ser de la ministra Batet: “Y compañeras”.

-Queridos compañeros y compañeras, hoy es un día que cambiará la histo…

-¿Y por qué no ‘Queridas compañeros y compañeros”? Las mujeres por delante, que tenemos un déficit histórico.

-Eh, bueno, Carmen, pues porque no hay concordancia de género entre ‘queridas’ y ‘compañeros’.

-¿Y acaso la hay entre ‘queridos’ y ‘compañeras’?

-Eh, bueno, sí, porque el uso genérico del masculino puede designar la clase sin distinción de sexo, algo que no puede hacer el genérico femenino.

-Ya. ¿Pero entonces no es una gilipollez esto que…

-Lo cual es una injusticia.

-Ah, muy cierto.

-Por eso, qué cojones y qué ovarios, vamos a empezar a hablar como dice Carmen.

-¡Eso!

-Por lo tanto, y como primera disposición, este Consejo de Ministros pasa a llamarse Consejo de Ministras y Ministros.

-¡Muy bien, bravo, mucho!

-Claro que… eso, pues… invisibiliza a otros colectivos y colectivas, como los transgénero.

-Claro, Marga, pero aquí no hay ningún transgénero.

-O transgénera.

-Que sepamos.

-¿Hay algún transgénero por aquí?

-O transgénera.

-Ya, ya… Perdón, pero ya… ¿Alguien? Sin miedo, que somos progresistas… ¿Tú, Isabel? ¿Te apuntas?

-Ja, ja, ja… qué tonto eres…

-O tonta.

-Bueno, entonces estamos todos de acuerdo, ¿no?

-Y todas.

-Lo dejamos en Consejo de Ministres.

-Ministres parece algo que se le echa a una paella. ¿Me pones un arroz meloso de ministres amb fesols i naps?

-Pues ministrxs.

-¿Y eso cómo se pronuncia?

-Con i. Ministrixs.

-Se van a reír de nosotros.

-Y de nosotras.

-Y de nosotrixs.

-¿Quién ha dicho eso?

-O esa.

-Para ya, Isa. no seas coñazo.

-O pollazo.

-[…]

-[…]

-[…]

-[…]

-Vamos a ver Dolores, volvamos a lo de Franco…

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