El número 5 de la Gallina Ilustrada; no hay quinto malo (y gratis)

Como sabe todo el mundo que bebe cerveza y/o ha hecho la mili, no hay quinto malo Así que aquí os va el legendario, histórico y prodigioso número 5 de La Gallina Ilustrada, el decano de la prensa satírica no-de-izquierdas de Estepáis (antes denominado España).

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En una portada de impacto «El futuro es emocionante» (y tanto que si) en el que sólo cometimos un error (creer a al doctorísimo Sánchez y pensar que a Pablo Iglesias no le iba a dar ni agua, cuando le ha dado una vicepresidencia, acceso al CNI y el mando de las residencias de ancianos -pppfffft-), reproducimos el subtitulo en el que pronosticábamos este sindios que vivimos.

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No digáis que no teníamos razón

Un número 5 de La Gallina Ilustrada con las firmas de nuestros colaboradores habituales bajo la dirección ominosa de José Antonio Fúster: Emilio Campmany, María Durán Gil-Casares, Beatriz Rojo, Fray Josepho, Monsieur de Sans-Foy, Rafael Bardají, Fernando Paz, Jesús Rubio «Picatostes», Mariano Camarero, Luis Montero, Kiko Méndez-Monasterio, Carlos Esteban, Mariela de Ulloa (sobrina de Elena Francis, ahí queda eso), Perfidus McFoster (ese tipejo), El Tío del Bronzi y, por supuesto, esa estrella en el firmamento de la moderación, el ultraliberal de progreso conocido como Eduardo García Serrano.

Pero no se queda ahí la cosa, una página entera de ese poeta gaditano llamado Enrique García Máiquez y que algún día ocupará el sillón @ de la Real Academia, Gonzalo Altozano (entrevista fundamental sobre La Leyenda Negra a Elvira Roca Barea) y Rafael Núñez Huesca. Además, como premio, las predicciones de la mejor pitonisa del mundo: Madame Sabor; las efemérides del Bibliotecario Anónimo, y miles (decenas, ejem) de chistes, viñetas y pasatiempos (las siete diferencias son un horror).

Pues sin más preámbulos, ahí va. En dos formatos. Para que no digáis que no os cuidamos. Porque os cuidamos, no como el Gobierno.

Abrazote.

Y en este enlace os lo podréis descargar y guardarlo para la posteridad, y meterlo en un disco duro o en la nube y mandarlo en una sonda intergaláctica dentro de unos años y que llegue a algún extraterrestre y que sea lo que Dios quiera.